Michael Kovacich es un geólogo titulado y profesional habilitado, graduado de la Universidad Eastern Michigan en 1991 con una licenciatura en geología y una diplomatura en biología. Obtuvo una licenciatura en ciencias de la tierra en la Universidad Western Michigan en 1999 y se especializó en hidrogeología de contaminantes y procesos costeros.

Kovacich comenzó a trabajar en la industria de la consultoría ambiental en 1994, y al año siguiente llegó a Tetra Tech. Cuenta con más de diecisiete años de experiencia profesional en la aplicación de principios hidrogeológicos para suministros municipales de agua subterránea, basureros, investigaciones ambientales y trabajos de remediación. Sus amplios antecedentes abarcan la ejecución de investigaciones de sitios a gran escala con una gran variedad de contaminantes, como metales pesados, salmueras, solventes clorados, compuestos con PCB y productos refinados del petróleo.

Ha aplicado de manera satisfactoria métodos de remediación tales como extracción del vapor del suelo para recuperar gas y solventes clorados en fuga de basureros, lavado de suelos para recuperar líquidos densos en fase no acuosa (DNAPL), desabsorción térmica de tierra ex situ, excavación de suelos y eliminación fuera del sitio y bioremediaciones in situ aeróbicas y anaeróbicas.


Su puesto se denomina "hidrogeólogo". ¿A qué se dedica?

Como hidrogeólogo, me concentro en el agua subterránea. Existen dos ámbitos principales en el negocio del agua subterránea: cómo limpiarla y cómo hallarla en cantidad suficiente y con una calidad adecuada para el suministro de agua potable, irrigación y otros usos. He trabajado tanto en el ámbito de la restauración ambiental como en el del suministro de agua.

En el aspecto ambiental, hace poco Tetra Tech formó parte de un proyecto de biobarreras en Connersville, Indiana, que resolvió de forma satisfactoria la contaminación de una columna de agua con tricloroetileno (TCE).

¿Cuál es la magnitud de la contaminación con TCE en los Estados Unidos?

Desde la década de 1950 hasta la de 1990, muchos supusieron que el TCE era un “desengrasante milagroso.” Prácticamente todos los talleres de mecánica y tornería de cada fábrica importante del país usaban TCE, además de otros solventes, para limpiar las máquinas que fabricaban o preparar las piezas antes del proceso de pintado. Y además, claro, las lavanderías usaban PCE (tetracloroetileno) para quitar manchas del cuello de las camisas.

La exposición a TCE puede tener consecuencias muy graves para la salud, y el estado de California lo considera una sustancia cancerígena. En casi todas las instalaciones industriales que he investigado a lo largo de mi carrera he detectado TCE. Si bien no siempre se encuentra en concentraciones que exijan una acción inmediata, ahí está. Y en las condiciones adecuadas, puede volatilizarse del agua subterránea y la tierra afectada y quedar suspendido en el ambiente interno de una casa u oficina.

El sitio de Connersville era una fábrica de repuestos automotrices. Antes del montaje final o la pintura de las piezas, nuestro cliente las limpiaba con desengrasantes (como el TCE) para quitarles el aceite de corte. No estamos seguros de cómo se produjo el escape de TCE, pero el contaminante migró hacia el suelo y, más tarde, llegó a la napa subterránea de la planta.

¿En qué manera resultó único el abordaje de Tetra Tech en Connersville?

Nuestro cliente no deseaba abordar el problema mediante el método tradicional de bombeo y tratamiento, lo habitual durante más de 20 años en lugares como este. Se instalan pozos de extracción para captar el agua subterránea afectada y llevarla hasta la superficie, donde por lo general se trata con un depurador de aire o carbón activado. El TCE puede eliminarse del caudal de agua debido a su alta volatilidad; cuando pasa a la fase gaseosa, es posible utilizar carbón o un oxidante catalítico para absorberlo o quemarlo, a fin que eliminarlo del caudal de aire. Este método tradicional de tratamiento del agua subterránea contaminada con TCE suele requerir mucha mano de obra y capital.

En lugar de construir un sistema de bombeo y tratamiento en la fábrica, nuestro cliente quería que buscáramos una alternativa in situ, algo por debajo del nivel del piso que no generara tantos costos de operación y mantenimiento. Fue ahí cuando comenzamos a investigar tecnologías de oxidación química, hierro con valencia cero o métodos in situ mejorados biológicamente.

Entonces, ¿cómo fue que llegó a escoger una biobarrera?

A fines de la década de 1990, nuestra oficina formaba parte del equipo que ejecutó un proyecto de prueba para el estado de Michigan, con el fin de comprobar si era posible aplicar en campo y de forma satisfactoria la biorremediación anaeróbica in situ empleando decloración reductora. Presentamos nuestros hallazgos al cliente de Connersville, quien se entusiasmó con la posibilidad de resolver su problema con esta tecnología. Así que llevamos a cabo un ensayo de banco con Georgia Tech cuyo resultado fue alentador, tras lo que efectuamos una prueba piloto en el lugar.

Para la prueba piloto, identificamos una parte de la columna de agua que presentaba la mayor concentración de contaminante conocida hasta ese momento, y probamos la tecnología en ella. Cuando el resultado fue satisfactorio, repetimos el procedimiento a escala natural: instalamos la primera biobarrera a lo largo de los límites de la propiedad, aguas abajo de la zona de origen, como un muro de cierre para evitar que siguiera saliendo contaminante del lugar.

¿Cómo se construye una biobarrera?

Instalamos pozos de inyección por los que inyectamos un "alimento" donante de electrones para las bacterias, y con los que cambiamos el ambiente de parcialmente aeróbico a muy anaeróbico. El ambiente debe ser muy anaeróbico porque la única bacteria conocida (Dehalococcoides) capaz de efectuar una decloración reductora vive en medios anaeróbicos. La decloración es el proceso biológico que transforma el TCE y otros etenos clorados en eteno.

Una vez acondicionado el acuífero con donantes de electrones, usando sustancias tan simples como aceite vegetal y lactato de sodio, agregamos las bacterias para que aceleren los procesos biológicos. Estas bacterias, de hecho, respiran el PCE y el TCE y obtienen energía arrancando el cloro de estos compuestos. Así que “comen” aceite vegetal (el donante de electrones), respiran el PCE, el TCE y otros etenos clorados y obtienen energía haciendo el trabajo que necesitamos que hagan.

¿Cuál es la función del modelado de aguas subterráneas en este tipo de proyectos?

Utilizamos el modelado de aguas subterráneas para determinar las dimensiones del área de tratamiento (la biobarrera). Calculamos la cantidad de agua subterránea que circula normalmente a través de una superficie y, después, cómo puede llegar a frenarse con la biobarrera. Modelamos varios escenarios antes de la instalación, para desarrollar el mejor diseño. Además, usamos modelado de transporte y destino, para decidir cuánto tiempo debemos mantener cada modelo y cuál es la distancia óptima que debe haber entre un modelo y otro para cumplir con las metas de remediación del sitio.

Entonces, ¿qué opinan los reguladores sobre esta solución?

Cuando el terreno cambió de propietario, del cliente existente a la ciudad de Connersville, en el año 2010, a los reguladores les agradó tanto la forma en que aplicamos esta tecnología que ayudaron a que el municipio consiguiera fondos para mantener el proyecto en marcha. Tetra Tech contó con todo el apoyo del cliente y de los reguladores.

¿Por qué piensa que Tetra Tech ha tenido tanto éxito en este proyecto?

Creo que en parte se debe a que participamos en el proyecto de investigación en Michigan. Pudimos aprovechar nuestra interacción con la comunidad académica y aplicar en obra lo que aprendimos.

Se trató de un esfuerzo conjunto con nuestro cliente: desde el comienzo, nos comprometimos con el proyecto porque sabíamos que la aplicación de esta tecnología era nueva y de vanguardia. Hemos mantenido informados a todos los participantes durante el transcurso de los trabajos, y hemos desarrollado un abordaje de equipo que nos ayudó a generar mucha energía positiva entre los reguladores, el cliente anterior y, ahora, la municipalidad.