A fines de junio, el equipo de restauración marina de Tetra Tech con sede en Stuart, Florida, inició las operaciones para retirar hábitats de pesca ilegal de langosta, llamados normalmente "casitas", de las aguas del Santuario Marino Nacional de los Cayos de Florida.

La Administración Oceanográfica y Atmosférica Nacional (National Oceanic and Atmospheric Administration) asignó a nuestro equipo (de cuatro integrantes) 300 objetivos —a profundidades de entre 6 y 9 metros (20 y 30 pies)—, para detectar la ubicación de los hábitats ilegales de langosta en los Cayos Bajos de Florida, desde Big Pine hasta Key West. Según la legislación federal y del estado de Florida, crear un hábitat artificial y recoger langostas en un hábitat artificial es ilegal.

“Este tema es eterno”, señala Patrick Zuloaga, de Tetra Tech, encargado del equipo de buceo. “Se trata de usar desechos —el capó de un automóvil, por ejemplo— para atraer a la langosta. Esta práctica mata los vegetales marinos o los hábitats bentónicos, y altera los patrones migratorios de peces y langostas”.

Otros objetos que se usan para fabricar casitas son maderas, bloques de hormigón de escoria, chapas corrugadas, plásticos y cemento. Cuando las langostas se reúnen debajo de estos hábitats artificiales para protegerse, los pescadores furtivos pueden llevarse más de mil por día, superando así el límite de pesca diario de 250 para este ámbito protegido.

NOAA Lobster Habitats

Una casita puede asfixiar a las comunidades bentónicas, literalmente, las cuales alojan vegetales marinos, corales y esponjas que a su vez dan cabida a peces y otras criaturas del lecho marino. Cuando las corrientes y tormentas las mueven por el fondo del mar, pueden dañar zonas extensas y destruir la vegetación marina y demás especies acuáticas.

Nuestro equipo de buceo elimina las casitas sujetando sus componentes a una línea de extracción, marcada en la superficie con una boya o con bolsas de izaje que hacen flotar la estructura hasta sacarla del agua. Después, las cuadrillas de superficie las extraen del agua y las transportan hasta la costa, para eliminarlas o reciclarlas.

Zuloaga afirma: “Hasta el 31 de julio, extrajimos 230, y completaremos nuestra tarea hacia mediados de agosto. Si bien la recolección ilegal puede ser lucrativa para el pescador furtivo, el costo que paga el medio ambiente marino es mucho mayor para el resto de nosotros, tanto ahora como en el futuro, si no se detiene o, al menos, se restringe”.