La Dra. Catherine Courtney (alias Kitty) posee más de 25 años de experiencia nacional e internacional en gestión marina y costera, adaptación al cambio climático y resiliencia de comunidades costeras.

Trabaja en Tetra Tech desde 1990 y ha participado en proyectos para organismos federales y estatales, organizaciones no gubernamentales y empresas privadas destinados al diseño, la implementación y la administración de programas de gestión de recursos costeros e investigación de ambientes marinos en ecosistemas templados y tropicales de todo el Pacífico.

Ha prestado servicio como directora del Proyecto de Gestión de Recursos Costeros de Tetra Tech, fundado por el Organismo Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID: U.S. Agency for International Development), y como asesora principal en otros proyectos internacionales, como el proyecto Recursos Pesqueros Mejorados para una Pesca Sostenible (FISH), el  Programa Estadounidense de Sistemas de Advertencia de Tsunamis en el Océano Índico y el Programa Estadounidense de Apoyo a la Iniciativa para el Triángulo de Coral.


Usted ha trabajado en ámbitos tan diversos como gestión de recursos costeros y adaptación al cambio climático. ¿Cómo ha evolucionado su trabajo?

Comencé a pensar en el cambio climático a principios de la década de 1980, cuando preparaba mi doctorado en oceanografía como estudiante de posgrado de la Universidad de Hawaii. Llevé a cabo los primeros experimentos sobre microcosmos, que mostraron que la acidificación del océano reduce el crecimiento de las algas coralinas tropicales. Esto fue en la época en que la concentración atmosférica de CO2 alcanzó las 335 partes por millón (ppm). Sin embargo, el tema climático no llegó a moldear mi trabajo sino hasta mucho más tarde. Tenía muchos otros problemas inducidos por el hombre en los que trabajar, como el vertido de desechos peligrosos y contaminantes radioactivos al ambiente marino, la eliminación de materiales de dragado hacia el fondo oceánico profundo y la explotación excesiva de recursos marinos. El devastador tsunami del Océano Índico del año 2004 puso de manifiesto la importancia de contar con recursos costeros en buen estado, como arrecifes y manglares, que aporten resiliencia a las comunidades costeras. Mi trabajo en el Programa Estadounidense de Sistemas de Advertencia de Tsunamis en el Océano Índico se enfocó en descubrir qué aspectos hacen que las comunidades costeras sean resistentes a tales peligros naturales y cómo desarrollar la resiliencia de la comunidad. 

En Tetra Tech, he tenido la fortuna de participar en una serie de proyectos en curso sobre gestión de recursos costeros, que me ha permitido integrar cuestiones relativas a los peligros naturales y a las amenazas del cambio climático. Tomar en cuenta el cambio climático ha modificado el horizonte de planificación: ha llevado a pensar en términos de futuras proyecciones y escenarios, en lugar de depender únicamente de las tendencias y los registros históricos.

¿De qué se trata la adaptación al cambio climático?

La adaptación al cambio climático implica ajustarnos a los cambios previstos que estamos advirtiendo en los sistemas tanto naturales como humanos. En general, se habla de tres tipos de adaptación: reactiva, deficiente y planificada. La adaptación planificada ayuda a que las comunidades se anticipen a los cambios, a fin de reducir las consecuencias de estos y aumentar su resiliencia ante problemas sociales y ecológicos.

¿Por qué la adaptación al cambio climático es una prioridad en el Triángulo de Coral?

Las comunidades costeras del Pacífico soportan las peores consecuencias del cambio climático: tormentas intensas, inundaciones en las costas y decoloración de corales. He trabajado con muchas de esas comunidades que habitan  en pequeñas islas bajas y zonas costeras. Las comunidades costeras en zonas rurales dependen en gran medida de los recursos marinos para lograr su seguridad alimentaria y sus medios de vida, por lo que desplazarse tierra adentro no es una solución viable. Además, se encuentran entre las poblaciones más vulnerables a los peligros naturales y a las consecuencias del cambio climático.

Hemos estado trabajando con el USAID durante los últimos cinco años en la Iniciativa para el Triángulo de Coral, o CTI. El Triángulo de Coral es una región geográfica de 15,5 millones de kilómetros (6 millones de millas cuadradas) en el Océano Pacífico occidental. Esta zona más o menos triangular contiene la mayor biodiversidad de corales del mundo; solemos llamarla "el Amazonas de los mares".

La CTI es un esfuerzo regional de seis países de esa región —Indonesia, Malasia, Papúa Nueva Guinea, Filipinas, las Islas Salomón y Timor Oriental— que busca mejorar la gestión de los recursos marinos y lograr una adaptación al cambio climático. Una estrategia fundamental para enfrentar el cambio climático es implementar y fortalecer la gestión marina y costera de estas islas. 

Por mi parte, he estado trabajando en la CTI para desarrollar una política regional (llamada Plan de Acción Temprana para toda la Región de la CTI en pos de la Adaptación al Cambio Climático) y para desarrollar la capacidad local organizando intercambios regionales, impartiendo capacitaciones sobre la adaptación al cambio climático y desarrollando herramientas prácticas, como la denominada Adaptación al Cambio para las Comunidades del Triángulo de Coral: una guía para la evaluación de las vulnerabilidades y la planificación de acciones tempranas a nivel local.

En cuanto uno se pone las "gafas climáticas," es difícil quitárselas. Nuestro trabajo a nivel internacional nos ha ayudado a prestar servicios con valor agregado a nuestros clientes de los EE. UU. Yo desarrollé un curso nacional de capacitación sobre cambio climático para planificadores costeros del país para la Administración Oceanográfica y Atmosférica Nacional. Hemos estado ayudando a que los clientes tomen el cambio climático en cuenta durante el diseño de infraestructuras nuevas y la planificación hídrica y de otros recursos naturales.